jueves, agosto 23, 2007

¡Quién manda!


Estuvimos a la espera de un golpe fuerte, de una sacudida feroz. Nos preparamos física y sicológicamente para recibir algo que no se podía detener y cuya fuerza era descomunal.
Seguimos paso a paso la trayectoria del fenómeno y nos llenaba de miedo su inmenso poder, y a pesar de contar con todos los elementos para conocer su fuerza, su tamaño, su camino, su velocidad, no sabíamos, no sabemos como detenerlo.
Así es nuestra pequeñez ante las manifestaciones de la naturaleza, la auténtica dueña de este universo, donde nosotros los humanos somos como el virus que llegó a infectarla.
Una tormenta puso toda nuestra atención en un hipotético escenario, donde la destrucción era el personaje principal, la escasez y el llanto se adelantaban y la imaginación se quedaba corta ante los posibles alcances del huracán.
Cada vez se pulen más los planes para este tipo de contingencias, cada vez la conciencia ciudadana se afina y cada vez son menos los detalles que se descuidan.
Ahora, la prevención funcionó. La coordinación entre las instancias encargadas de proteger a la sociedad funcionó, queda demostrado que cuando hay voluntad de hacer bien las cosas, los resultados dejan satisfechos a todos y las pérdidas son mínimas, porque en estos casos, lo único que no se puede prevenir es la decisión del meteoro de cambiar de rumbo o de disminuir o aumentar su fuerza.
Pero hubo preparativos para recibirlo, hubo indicaciones precisas, lugares de refugio, víveres y medicamentos en caso de que fueran necesarios. ¡Bien por eso!
Pero… no sucedió como se había anunciado, por lo menos aquí en nuestro terruño Dean pasó ignorando que un numeroso grupo de gente se había preparado para no sucumbir ante el embate de este gigante de viento y agua.
Eso no es motivo para bajar la guardia, no se puede suponer que el próximo temporal ignore también nuestra ciudad. Ante eso, todos los que estamos agradecidos porque no tuvimos que lamentar inundaciones graves, caídas de árboles y cables de electricidad, derrumbes de bardas y techos de láminas, ni pérdidas de seres queridos, no podemos perder de vista que en cualquier momento de la temporada de huracanes, podemos ser tocados por esa fuerza de la naturaleza que cada vez será mayor si no hacemos algo para contrarrestar los efectos del calentamiento global que se incrementa día con día, ante una comunidad que se ve muy lenta en su trabajo por convencer, concientizar, sensibilizar a las personas de un problema que se generó debido a la actividad humana que no ha respetado a la naturaleza, la auténtica dueña de todo este territorio que nosotros nos jactamos de dominar.
Dean entró a México con una fuerza descomunal, vientos de 350 kilómetros por hora, pero no mató a nadie. Siguió su camino hasta alcanzar el mar otra vez, sin que un humano fuera aplastado por su fuerza y volvió a tocar tierra mexicana en Veracruz donde se le esperaba con el respeto que se merece.
Pero es necesario destacar que siguió su viaje hacia el interior del país alcanzando lugares donde nunca se había presentado un huracán.
Dean llegó hasta la capital de México disminuido, convertido en depresión tropical pero que aún así causó serios daños, porque en esos lugares tan lejos del mar y tan elevados, no se prepararon para recibirlo.
Es la lección de la naturaleza, que nadie debe dejar pasar, porque nadie está exento de ser alcanzado por estos seres que ella misma nos manda para que no olvidemos quien manda de verdad.

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2 Comentarios:

A la/s 24 de agosto de 2007, 6:58 p.m., Blogger SoCr0 dijo...

Gracias a los dioses, todo fue simple propaganda mediatica de los medios informativos. Saludos y buena nota.

 
A la/s 31 de agosto de 2007, 6:44 p.m., Blogger concatenando dijo...

Mmm... bueno, eso de la propaganda mediática me parece algo radical. Preguntémosle a los que verdaderamente les afectó.

 

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