¿Quién me enseña a ser yo?

Desde siempre a los seres humanos se les prepara para el trabajo. Es innegable que el trabajo es el generador de riqueza, de transformaciones sociales y de la naturaleza. El trabajo es lo que ha llevado a la humanidad hasta el grado de civilización que hoy gozamos.
Sin embargo, esa preocupación por sostener un sistema de producción que permite la generación y acumulación de riqueza, ha hecho que queden de lado muchas de las habilidades de los hombres y mujeres, para transformarse sólo en entes productivos, no creativos.
Se ha dejado en manos de las religiones la espiritualidad, lo que ha dado paso al surgimientos de falsas deidades de donde sacan provecho sólo unos cuantos.
Gobiernos, autoridades, empresas de todo el mundo se preocuparon por la seguridad de contar con personal calificado en diferentes ramas y niveles que garantizaran el funcionamiento de sistema de producción que nos rige; así se generaron instituciones para echar al mundo ingenieros, abogados, médicos, astronautas, operarios, mecánicos, soldadores, carpinteros y toda la gama oficios que convierten a un individuo en útil para la sociedad.
Pero un ser humano no está hecho sólo para eso. El potencial de cada individuo rebasa a las necesidades del modo de producción, cada ser requiere cubrir muchas necesidades, además de las que el salario cubre y nadie le había puesto atención en las demandas emocionales de cada quien.
En ese rubro cada quien se rasca con sus propias uñas, por eso las religiones y predicadores tienen tanto éxito, no así los Psicólogos o psiquiatras a quienes no se recurre porque nadie considera estar loco.
El sistema, la sociedad, la familia, que es en esta última donde se reproduce y refuerza el modo de producción vigente, se han preocupado más por formar excelentes obreros, llámeseles como sea: ingenieros, abogados, médicos, etc., pero casi nadie se enfoca a formar un buen padre, una buena madre, un excelente amigo o un destacado compañero de trabajo.
No hay una escuela donde se formen esposos y esposas, sobre todo ahora que el concepto de familia tradicional se hace añicos, porque podemos observar como existen médicos geniales, pero en la intimidad del hogar son pésimos padres, malos esposos y peores amantes.
Estos temas quedaron excluidos de la retícula social que permite la constante reproducción del modo productivo y se ha dejado en el abandono a cada individuo que subsiste como una isla en medio de millones de congéneres de quien no se sabes casi nada sobre sus aspiraciones, su modo de pensar, sus valores o sus problemas.
Cada quien va solo arrastrando una carga emocional que hace ver como autómatas dedicados a ser excelentes trabajadores, puntuales, cumplidos con tal de no perder la chamba, pero limitados ante las exigencias de direcciones autocráticas y rígidas.
De este modo se pierden valiosas colaboraciones, creaciones que pudieran mejorar el rumbo, palabras de aliento, ideas geniales y la oportunidad de ser un auténtico ser humano.
Desde este punto de vista, se considera necesario que ya se tome en cuenta la parte espiritual y emocional de cada individuo, que se le permita verse por dentro, que conozca sus debilidades y sus fortalezas y no sólo se le premie o castigue por sus éxitos o fracasos en su trabajo, ya que esos son causantes de trastornos o cambios en la conducta de cada quien.
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Lo que digan los demás

Las relaciones interpersonales de los últimos tiempos están sufriendo un serio cuestionamiento por parte de todos los integrantes de la sociedad.
Las aspiraciones personales, como forman parte de la intimidad de cada quien, así como los sentimientos y emociones, en el ámbito de la comunidad en general se pierden, nadie ve en cada individuo a un ser que entre sus pensamientos trae una carga emocional importante que le hace proyectar una determinada imagen por la cual es calificada sin miramientos por los demás.
Desde siempre, lo que digan “los demás” ha quedado satanizado por todos, es decir, por mí y por “los demás”. Se pretende así restar importancia a la opinión de los seres con los que convivimos, con el argumento de que aquello que nos suceda, a nadie le importa, que son sólo asuntos que competen exclusivamente a nosotros, aunque no tengamos la capacidad inmediata de resolverlos.
Uno puede mostrar una imagen de desparpajo, sobriedad y “buena onda” ante todos, con eso nadie se podrá imaginar lo que nos está sucediendo, las cosas y causas por las que sufrimos, los planes y éxitos obtenidos, esas pequeñas cosas que nos dan tristezas y alegrías, sólo para cada quien, porque a nadie más deberá interesarle.
Pero ahora, debido a esa soledad que esas actitudes producen y a los resultados de esa misma soledad, han surgido infinidad de personas que pretenden dedicarse a dar solución a esos conflictos personales; en muchos casos se trata de charlatanes que sacan provecho de los problemas de los demás, que ofrecen soluciones fáciles e inverosímiles e imposibles de hacerlas realidad.
Otros más serios, procuran que el individuo logre por si mismo solucionar su conflicto o sobrellevar su carga, cuando la solución está lejos.
El caso es que la problemática de cada quien sí importa a otros seres, tanto que se crea un nuevo espacio en el que se lleva a la persona a que descubra su potencial, que con la mayor objetividad posible se de cuenta que en sus manos está la solución y que, en muchos casos, el problema se ha enredado más de lo normal, gracias a el encierro que se le da por parte del afectado.
“La depre” o los enojos constantes, o los arranques de euforia sin motivo aparente, son señales de conflictos internos que en realidad no pueden (ni deben) ventilarse en público, pero sí es posible ser tratados por un segundo o tercero siempre que esté capacitado profesionalmente para ello.
Por eso la recomendación es acudir con personas que garanticen un grado de estudios requerido para tratar asuntos personales, donde incluso pudieran salir afectados otros más.
Esas cargas negativas deben ser desalojadas de las mentes de quien las padece, hay formas, métodos, estudios muy completos que retratan las diferentes personalidades con las que tratamos a menudo y que pueden servir en su momento para encontrar una salida.
Alcohólicos Anónimos y sus derivados Neuróticos, Comedores Compulsivos, grupos de Diabéticos y otros, son los más claros ejemplos de que la asociación de personas que padecen el mismo mal pueden ser controlados y en muchos casos sanados gracias que se atreven hablar de sus conflictos.
Entonces, no es necesario llegar al extremo, a “tocar fondo” para solucionar esa problemática agobiadora, siempre hay un camino, el único requisito es mantener la mente abierta para recibir sugerencias y poder elegir la que más convenga. No se vale quedarse solo que esa carga que a la larga agravaría más la situación y hasta la salud física de quien está envuelto en ella.Más comentarios en: mexmel@gmail.com
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...y cuando despertó, la basura estaba ahí

Cuando el hartazgo llega, nada parece importar, las formas que se cuidan pasan a segundo o tercer término. Ya no importa que el gran jefe se moleste, ni importa lo que sea capaz de hacer con su enojo.
Pero la gente cuando ya se dio cuenta de que es objeto de burla por parte de algunos servidores públicos y que además el servidor sigue con la misma actitud, llega el momento en que esa gente, convertida en turba se las cobra todas juntas.
En Villa Allende se dio el caso de que los ciudadanos ya no aguantaron que su comunidad estuviera llena de basura, de bolsas con desperdicios amontonados por todos los rumbos de la Villa, se cansaron de estar llamando a la autoridad y finalmente llevaron sus bolsas con basura hasta la misma oficina del personaje que debería encarnar a la autoridad de aquel lugar.
Y ese ejemplo cunde. En Minatitlán sucedió lo mismo. Un grupo de vecinos de la colonia El Palmar, cansados de la negligencia del presidente municipal y de la regidora a cargo de la comisión de limpia pública, llevaron sus bultos con desechos a colocarlos frente al Palacio Municipal.
Sin embargo, ni la regidora, ni el alcalde se atrevieron a dar la cara, a intentar explicar el por qué de la falta de recolección en la ciudad.
Estos detalles, los ciudadanos los toman en cuenta y los individuos a cargo de alguna función pública pierden la poca confianza que el pueblo pueda tenerle a un político.
Lo bueno de esto, es que por fin vemos un acto ciudadano lleno de valentía, de organización, de protesta para exigir que los servidores públicos cumplan con la función para la que se les paga.
Desde hace muchos años, no se veía un acto así, lleno de rebeldía y decepción; de esta manera, la gente comenzará a darse cuenta de que su voz y sus actos también son tomados en cuenta cuando llevan un poco de organización, de trabajo en equipo, de solidaridad.
Es necesario destacar que en el asunto que se menciona, el problema afectaba y afecta a todos, se convirtió en u problema común, como lo es el alza a los productos comestibles de primera necesidad, como el alza de tarifas en los servicio públicos, como los atropellos de los urbaneros, como los robos a casas habitación y los asaltos en plena vía pública, como los atropellos de agentes de Tránsito y policías y, como un sinfín de problemas que aquejan a todos los ciudadanos y que nos aguantamos nomás para evitar más problemas, porque luego que un vecino reclama por algo, de inmediato le voltean la tortilla y lo hacen culpable de algo y, entonces sí, todo el peso de la Ley sobre ese peligroso individuo que llega a romper la tranquilidad de los funcionarios públicos.
Tal vez no sea el camino correcto, pero la enorme cantidad de basura que se ve regada por todo Minatitlán ha tapado todas las vías de comunicación con las autoridades.
Comentarios: luisiin@yahoo.com
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Siempre vienes a pedir...

Cada vez que necesitas vienes a buscarme, a pedirme que te tome en cuenta, a mostrar todas tus virtudes, tu lado bueno, a decir y a prometer que ahora sí mis problemas se van a resolver.
Juras que eres la solución a mis achaques, que nadie se ha atrevido a ayudarme pero ahora sí, tú lo vas a lograr, vas a poner toda la fuerza de tus influencias para que yo salga beneficiado.
Lo malo, es que ese discurso es el de siempre, ya han venido otros a decir exactamente lo mismo a ofrecer sin ton ni son, a recalcarme mis angustias y a prometer la resolución y mira, sigo igual, con los mismos achaques y los problemas de siempre, ya hasta puedo asegurar que soy parte de los requisitos para que puedas llegar hasta donde quieres; es decir, tienes que pasar a enlodarte los zapatos, a recibir picaduras de mosquitos, a oler mis aromas, esos que apagarás después con perfumes caros en salones adornados con exquisitez.
Yo seré el reclamo de siempre que llegará a la cúspide que habitas, mirarás de soslayo y tu sonrisa intentará ocultar ese amargo recuerdo de tu paso por mis dominios.
Quienes te han antecedido han actuado así, es la regla, no tienes por qué ser diferente, tu formación pasa por los terrenos baldíos y las miradas llenas de tristeza de aquellos que han tenido la desgracia de nacer por estos rumbos, con la piel requemada por el sol, sin cremas ni afeites para protegerse, con la necesidad a cuestas y lloriqueando siempre por un peso más.
Finalmente, luego de lograr su propósito, todos se van a ‘devengar’ un salario pagado por todos aquellos quienes se quedarán esperando ver las promesas cumplidas.
Así es candidato. Es la parte del juego que me toca jugar, hacer como que te escucho, hacer como que te creo, votar por tu nombre. ¡Qué más da! Es sólo para dar legalidad a un resultado premeditado, planeado, hecho a tu medida.
Pero en tu ingenuidad, con la que pretendes verme la cara, participan otros más de colores diferentes que ya pasaron por aquí diciendo lo mismo que tú, prometiendo lo mismo que tú, son aquellos que no llegarán hasta donde tu vas, porque en ese sitio sólo hay lugar para uno y tú ya has sido elegido con anterioridad.
Pero no importa. De veras no importa.
Si ves que en mi rostro ajado no se forma sonrisa alguna, no es porque te falte al respeto, es que… a veces me parece como un chiste contado muchas veces que ya no despierta ninguna emoción, por eso verán en medio de tu triunfo avasallador, que las únicas risas llenas de alegría, serán la tuya y la de tus cómplices, la de aquellos que te acompañaron fielmente por tu peregrinar por estos lugares donde el poder lo tengo yo.
Pero nunca olvides mi nombre, me llamo miseria…
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¡Quién manda!

Estuvimos a la espera de un golpe fuerte, de una sacudida feroz. Nos preparamos física y sicológicamente para recibir algo que no se podía detener y cuya fuerza era descomunal.
Seguimos paso a paso la trayectoria del fenómeno y nos llenaba de miedo su inmenso poder, y a pesar de contar con todos los elementos para conocer su fuerza, su tamaño, su camino, su velocidad, no sabíamos, no sabemos como detenerlo.
Así es nuestra pequeñez ante las manifestaciones de la naturaleza, la auténtica dueña de este universo, donde nosotros los humanos somos como el virus que llegó a infectarla.
Una tormenta puso toda nuestra atención en un hipotético escenario, donde la destrucción era el personaje principal, la escasez y el llanto se adelantaban y la imaginación se quedaba corta ante los posibles alcances del huracán.
Cada vez se pulen más los planes para este tipo de contingencias, cada vez la conciencia ciudadana se afina y cada vez son menos los detalles que se descuidan.
Ahora, la prevención funcionó. La coordinación entre las instancias encargadas de proteger a la sociedad funcionó, queda demostrado que cuando hay voluntad de hacer bien las cosas, los resultados dejan satisfechos a todos y las pérdidas son mínimas, porque en estos casos, lo único que no se puede prevenir es la decisión del meteoro de cambiar de rumbo o de disminuir o aumentar su fuerza.
Pero hubo preparativos para recibirlo, hubo indicaciones precisas, lugares de refugio, víveres y medicamentos en caso de que fueran necesarios. ¡Bien por eso!
Pero… no sucedió como se había anunciado, por lo menos aquí en nuestro terruño Dean pasó ignorando que un numeroso grupo de gente se había preparado para no sucumbir ante el embate de este gigante de viento y agua.
Eso no es motivo para bajar la guardia, no se puede suponer que el próximo temporal ignore también nuestra ciudad. Ante eso, todos los que estamos agradecidos porque no tuvimos que lamentar inundaciones graves, caídas de árboles y cables de electricidad, derrumbes de bardas y techos de láminas, ni pérdidas de seres queridos, no podemos perder de vista que en cualquier momento de la temporada de huracanes, podemos ser tocados por esa fuerza de la naturaleza que cada vez será mayor si no hacemos algo para contrarrestar los efectos del calentamiento global que se incrementa día con día, ante una comunidad que se ve muy lenta en su trabajo por convencer, concientizar, sensibilizar a las personas de un problema que se generó debido a la actividad humana que no ha respetado a la naturaleza, la auténtica dueña de todo este territorio que nosotros nos jactamos de dominar.
Dean entró a México con una fuerza descomunal, vientos de 350 kilómetros por hora, pero no mató a nadie. Siguió su camino hasta alcanzar el mar otra vez, sin que un humano fuera aplastado por su fuerza y volvió a tocar tierra mexicana en Veracruz donde se le esperaba con el respeto que se merece.
Pero es necesario destacar que siguió su viaje hacia el interior del país alcanzando lugares donde nunca se había presentado un huracán.
Dean llegó hasta la capital de México disminuido, convertido en depresión tropical pero que aún así causó serios daños, porque en esos lugares tan lejos del mar y tan elevados, no se prepararon para recibirlo.
Es la lección de la naturaleza, que nadie debe dejar pasar, porque nadie está exento de ser alcanzado por estos seres que ella misma nos manda para que no olvidemos quien manda de verdad.
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¿En qué momento se deben soltar las amarras?

Cuando por costumbre se ha permanecido junto a alguien por mucho tiempo, pueden llegar a confundirse los sentimientos, a creer que el fuerte vínculo que los unió, es el mismo que ahora los ata.
Y eso puede ser una gran mentira, porque aquel principio no puede ser igual cuando el tiempo ha pasado.
Pueden suceder dos cosas dependiendo de la forma como se fue cultivando la relación: O se fortaleció la cadena o se debilitó al grado de convertirse en un estorbo.
Pero sucede que ese enmohecimiento se ha pegado al cuerpo, al alma, al espíritu a la ropa, a todas las cosas que se comparten, que deshacerse del nexo resulta doloroso, difícil de aceptar y llega a creerse que es mentira lo que se está viviendo.
No se pueden perder las llaves de esos candados que una vez, voluntariamente nos pusimos.
La costumbre, la tradición, se transforma en un peso muchas veces no deseado. Es algo que va impidiendo que otras formas se desarrollen, va dejando atrás sueños e ilusiones, las metas se pierden en la rutina y un montón de tiempo va envolviendo como una telaraña asfixiante.
¡Qué difícil es aceptar el fin!
Qué difícil es reconocer que una etapa se ha terminado abrumada por la costumbre, ahogada en una rutina. Qué difícil es reconocer que el amor no acepta confusiones, que fácil es olvidar las promesas, la palabra empeñada, que fácil brota el egoísmo y que fácil es echar en cara los errores cometidos.
Qué difícil es aceptar el valor del otro, los esfuerzos del otro, las ganas del otro. Siempre se prefiere ver más hacia adentro de uno mismo que hurgar en el alma de quien se tiene enfrente.
Sin embargo, muy dentro de la conciencia se acepta que el final ha llegado, que es hora de hacer un inventario para ver que cosas se pueden salvar y qué otras se irán junto con aquella idea que nació para vivir juntos.
¡Vamos! Es sólo una etapa más quizá más dolorosa que las anteriores, pero en la vida de todos, las etapas terminan, y causan nostalgia y pasan, sin remedio, a formar parte de los recuerdos, dulces y amargos, pero recuerdos.
Viendo el horizonte desde esa nave que se niega a abandonarse, la pregunta taladra, lastima, hiere, y es por la respuesta ya es sabida: ¿Llegó el momento de soltar las amarras?
Una lección que no aprendimos, el curso que no tomamos, es el de decir adiós.
Pero finalmente amanecerá, con sol o con lluvia, pero será un día nuevo, lleno de tiempo para realizar otros planes, para seguir viviendo.
Abrimos la nueva puerta y disponemos de más espacio para organizar y determinar que es lo que NO debemos hacer.
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El tuerto es rey

Llenamos de dudas y mentiras el espacio en el que nos movemos, así vamos creando la fantasía de ser imprescindible, único, indispensable, casi rayando en la perfección.
En un principio sabíamos que enviábamos mensajes falsos a la comunidad y cuidábamos que éstos no se derrumbaran, meticulosamente preparamos el terreno para caer siempre en blandito, para evitar que narices ajenas husmearan en nuestros dominios, algo que debía permanecer oculto.
El problema comenzó cuando la perfección del plan comenzó a meterse en el propio cerebro. La mente comenzó a procesar el invento y la idea de ser exactamente como decíamos fue adquiriendo tintes de verdad.
Fue entonces cuando despegamos los pies del suelo, cuando el gas de la falsedad infló el ego hasta sentir que no cabíamos en el humilde espacio que ofrecían los demás, todo se convirtió en poca cosa, los defectos de los otros eran gigantescos, comparados con la perfección que ostentábamos, los halagos surtieron efecto, en un lugar donde el tuerto es rey nuestra personalidad enseñorea, lleno de nada dominamos a los que nada ofrecen e imponemos nuestra voluntad sólo por creer que es la única que tiene validez, de acuerdo a que los otros no tienen nada que ofrecer.
Bajarse de la nube donde la vanidad suele colocar a los de espíritu pobre, es un sacrificio de proporciones descomunales que no se comparan con los que se deben hacer para ganarse un lugar seguro entre la sociedad que nos arropa, resulta casi imposible aceptar que se está cometiendo un error cuando los resultados indican lo contrario, aunque éstos no tengan el tamaño de la soberbia con que fueron alcanzados.
Las voces de la experiencia no calan en el ánimo, la verdad conocida ya por otros que se han tenido que doblegar cuando la realidad los alcanza, no es motivo suficiente para detenerse y reflexionar sobre lo que se ha hecho, lo que se ha obtenido y la trascendencia de los logros, no. Parece más fácil aceptar la seguridad que el despotismo y la arrogancia dan pero sin aceptar lo efímero de estas argucias sociales.
Llegan mensajes de cómo la vida se cobra cada una de las ofensas que se le hacen, que no hay escapatoria, pero seguimos confiando en la buena suerte y en que la baja estima de los demás ahí seguirá, para continuar aprovechándonos de su ingenuidad, para que sigan creyendo que somos lo mejor que pudo pasarles en su vida, que somos su salvación y su seguridad para que encuentren el camino del bien.
Mientras, seguiremos cuidándonos que nuestras mentiras protectoras no se derrumben, debemos evitar quedar al descubierto y seguir pensando que no tenemos por qué dar explicaciones de nuestros actos a nadie, que ningún control nos somete y que tenemos una guerra ganada contra las figuras de autoridad.
Que valores como el respeto y la confianza son sólo aplicables a aquellos que creen en nosotros ciegamente y, que a solas nos reiremos de esa estupidez llamada lealtad.
Hoy nos queda muy claro que las mentiras lanzadas con un perfecto disfraz de verdad y cuidadosamente arropadas con un conjunto de certeras dudas, nos darán la garantía de continuar en este lugar privilegiado.
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Una visión de la vida

Hemos tenido la gran oportunidad de recorrer tierras distintas a las que normalmente habitamos, puede decirse que somos afortunados de poder conocer otras latitudes y sobre todo a otras personas, con formas diferentes de pensar, de vivir y de sentir la vida.
Pero también, en medio de esa oportunidad, debemos enfrentar situaciones inesperadas, como el hecho de ver a compatriotas con una visión del mundo que quizá nosotros suponíamos superada.
Es que ver una resignación a vivir en la pobreza, como una forma terminada de existencia, sin más posibilidades de avanzar en esta sociedad que se traga sin miramientos a quien se deje y permitir que los demás caminen hacia delante, avanzando, ganado terreno, comodidades, éxito, entendido este como la acumulación de bienes, que es la forma en que se nos ha permitido entenderlo.
El mexicano resignado existe en todos los rincones de la Patria, se queda mirando como el vecino aprovecha la oportunidad de hacerse rico para luego envidiar sus logros, para reclamar el no haberse quedado como todos sus congéneres y en el peor caso, por no quedarse con la pobreza familiar. Eso los hace más miserables. Pueden ver su riqueza alrededor y no aprovecharla, pueden jactarse de su pobreza, pueden vivir lamentándose eternamente por su mala suerte. Es su forma de vida. Y tienen todo el derecho a seguir así. Lo que no es permisible es el intento que realizan para que todos sean como ellos. Repetirán hasta la eternidad, si les es permitido, su esquema de vida, seguirán usando la misma vestimenta y otros, conociendo esa debilidad, les llevarán a vender sus arcaicos modelos para que los usen siempre.
El mundo no es un pedazo de terreno, no se circunscribe a una tradición que marcó el sometimiento de una raza.
En este tiempo, cuando el planeta parece que ha reducido su tamaño, todos tenemos la posibilidad de verlo más de cerca y de aprovechar todas las oportunidades que ofrece, con todos sus errores y sus sistemas políticos, para poder cambiar, mejorar y superar todos los atavismos que nos han dejado.
Ver el mundo de cerca es una oportunidad que agradecemos al tiempo que nos tocó vivir, saber que existen seres en otros sitios que luchan por permanecer y hacer valer su cultura, es maravilloso.
Pero también es maravilloso saber que esos seres creen que su cultura aportará algo importante al resto del mundo para mejorar, algo que servirá a todos para entender otra parte de la vida, que cincele su presencia en la Historia del planeta. Esa es la cultura.
Ver otros paisajes y llevarse el olor de otro tipo de vegetación, sentir el frío del aire y compararlo con la calidez del clima de donde vivimos, llevarse un recuerdito, algún objeto que por allá no se verá, sólo ahora que nosotros lo cargaremos para mostrarlo a nuestras amistades y presumir que también llevamos polvo de otras latitudes.
Tal vez, en esas andanzas, podamos dejar parte de nuestra forma de ser y de decir; también de nuestra forma de hacer y de pensar y que eso sirva de algo alos pobladores de los pueblos visitados, sin que esto sea presunción, sólo una forma de compartir la historia, para que ellos también sepan que, lejos de su lugar, habitan otros seres, con otro color de piel, con otro acento y otras costumbres que con gusto viajan para llevar su personalidad y entregar a la parte del mundo que se nos permite visitar, nuestra alegría por la vida que nos tocó vivir, con la esperanza de que a nadie moleste y de que a todos les sirva de algo nuestra experiencia. Nadie es mejor ni peor, simplemente somos diferentes, con distintas metas y aspiraciones.
El mundo es de quien quiera tomarlo.
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Una ruta sin destino

Caminas hacia un horizonte incierto, por una ruta llena de oropel y brillos cegadores, ajena al suelo que pisas, al aire que respiras, a la verdad que te rodea.
Has construido un mundo aparte, lejos de la vida que comenzaste a vivir, lejos de las manos que alguna vez formaron parte de tu mismo cuerpo.
Esa lejanía por donde hoy transitas, va dejando desfiladeros detrás de ti, caminos tortuosos y lastimeros que impiden que los demás puedan seguirte.
Viajarás sin compañía perdiéndote en ese horizonte, esperando encontrar el punto de llegada, la parada final donde la paz y el reposo te consuelen, pero el final del camino no se vislumbra. Entonces te refugias en el mensaje rápido, el recado fugaz que pretende ser una conversación alegre. Entonces dejas escapar tu risa, tu llanto, según el contenido de la charla. Son los extremos que tocas, unes las orillas en el clímax del placer y te dejas llevar por esa intensa sensación de libertad que te negaste desde el principio.
Hoy los vientos te llevan como una hoja abandonada lejos del árbol que le dio cobijo y razón de ser. Los tumbos del aire te azotarán en piedras, lodos y polvos de otros lugares, mientras las raíces mirarán a lo lejos como los golpes que recibas te irán transformando en otra cosa, hasta dejar de ser aquella hoja.
Son diferentes puntos de vista los que observan la metamorfosis, criterios distintos, otros ojos para ver la vida, otros conceptos para entender el paso de los humanos por este mundo; ideas con límites lógicos, entendedoras de una libertad no absoluta, con respeto a las otras libertades para evitar encadenamientos absurdos y una dispersión total.
El libre albedrío es como un camino lleno de bifurcaciones, de rumbos que se ofrecen con una facilidad absoluta y rutas que requieren de una preparación especial. Cada cabeza tiene la libertad de elegir una de ellas y, en muchos de los casos permite un regreso al origen para corregir. Es una nueva oportunidad. Pero en otros, las oportunidades ya no llegan. Entonces las luces se apagan y llega la oscuridad del arrepentimiento tardío, el reconocimiento del error cometido.
Este camino que has elegido te lleva hacia una estrella refulgente, llena de calor que se le fue formando por esfuerzo propio, lo que ahí se cobije estará condenado a ser satélite eterno, un cuerpo frío que requiere de ese calor prestado para poder vivir.
Destino solitario, ermitaño egoísta, fuerza vana que mueve cadenas, que da vida, que abandona, que deja en el camino esculturas a medias, nada concluyente que refuerce su presencia, que haga crecer su imagen, que consolide su luz.
Las sonrisas que nacen una tras otras se van dispersando, quedándose en el camino por donde vas de prisa sin saber por qué. Ansias por terminar, por llegar pronto, por conocer lo que el destino depara, ganas inmensas de comerse la vida en un solo bocado, fastidio por no lograrlo, molestia por no aceptar los límites de la vida, hartazgo por el pequeño mundo que te rodea.
Sin aceptar un andar mesurado, ni reglas establecidas, prefieres lanzar al mundo la imagen de un ser lleno de cualidades que no se pueden demostrar cabalmente, un retrato de papel con un brillo imaginario, puesto en un mundo pequeño, donde todos los ciegos alaban al tuerto, donde los enanos no crecen y bailan festejando un ídolo con pies de barro.
En ese camino que has escogido, donde se generan obstáculos para quien te siga, una enorme cola de simpatizantes van tras de ti, tratando de llegar a tus talones, van respirando el polvo que levantas creyendo en tu verdad como la tabla salvadora. Para muchos de ellos eres el Mesías esperado. Tras de ti sólo ven como se mueven los tacones, mientras en tu rostro, una sonrisa de triunfo se dibuja, las leyes te protegen y te dan permiso de llevar al desfiladero a todos los que han creído en ti.
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De sueños y dueños

El miércoles 30 de mayo de 2007 queda impreso para siempre en la historia de Coatzacoalcos y la región como el inicio de la tercera alegoría al mar, evento en el que la gente llega para mostrarse al mundo.
Esta vez pareciera que las cosas toman otra forma, más definida, clara, llena de esperanzas para algunos grupos y para el destino de esta ciudad, así como para hacer reflexionar a todos respecto al nuestro futuro como especie, como parte del planeta Tierra.
Es una fiesta donde la palabra trae un significado especial, de rebeldía, de conocimiento, de divulgación, todo en un marco de belleza, sonidos, colores y movimientos, donde el cuerpo y la mente de los humanos llevan un mensaje a todos los que llegaron de tierras lejanas, para recibir el mensaje de advertencias de aquellos que ya vislumbraron el futuro desde la perspectiva de la investigación científica.
El mar, ese gigante azul que duerme frente a nosotros, que nos llama todos los días, que nos grita varias veces al año, es motivo de la minuciosa observación de los estudiosos. El líquido salado dice sus secretos y se manifiesta como un padre, un hermano por cuyas venas corre la misma sangre de todos los seres que habitamos el mundo entero.
Ahora sabemos que en las aguas del mar está la respuesta a muchas interrogantes sobre la salud, mejor dicho, la sanación de enfermedades que han llevado a la muerte a infinidad de congéneres, males con los que la ciencia ha tenido que luchar todos los días con resultados lentos, desesperantes.
El agua del mar ha estado desde el principio de los tiempo para la misma salvación.
¡Qué suenen las jaranas por eso! ¡Que dancen los jóvenes por la buena noticia!, que los versos broten de las plumas de los poetas.
Este encuentro con el mar nos trae junto con su brisa arte que nace en otros lugares, palabras dichas en otros sitios pero con significado universal; como las alegorías de Aute que cimbraron las paredes del Teatro de la Ciudad. Personaje que junta dos épocas diferentes para que la generación joven, sepa que hay una historia que avergüenza a la humanidad; esa parte oscura que muchos quisieran esconder por cuidar intereses malsanos, historia que otros tantos quisieran olvidar por su propio bien, que seguramente desean no volver a repetir.
Es como el eslabón entre dos generaciones, ente vivo que tiene la oportunidad de contarnos sus vivencias y sapiencias que la vida le ha dado, que habla del daño que causan la ideologías a la sociedad, pero que no esconde su propia ideología.
Pero nadie le niega el derecho que tiene a decir lo que trae y todos de acuerdo cuando asegura que aquellos que no tienen sueños, deben preparase para tener dueños toda su vida. Es un mensaje de libertad. De esa libertad que, como el mar, la tenemos frente a los ojos y nos grita, nos llama, nos dice donde está la salvación y la ignoramos. Un ser que se distingue por ser libre y canta su libertad y vive de eso.
Define al amor como los extremos por donde cada quien debe transitar en su momento, como lo peor y lo mejor que puede suceder a un hombre y a una mujer. “Amor, es lo único que no se puede sentir por un político”. Esta frase rebotó en los aplausos del público y los fotógrafos parecieron no escucharla, absortos en su trabajo.
Como dueños del mundo, los humanos transformamos, modificamos, removemos, contaminamos, derretimos, calentamos con ese espíritu creativo y destructivo con el que fuimos dotados, pero entre nosotros mismos hay una corriente que se opone a que sigamos deteriorando este planeta, que es la casa de la humanidad, corriente integrada por seres que se dedican a estudiar los fenómenos que vivimos y ponen la voz de alerta y nos hacen ver que el gigante azul, por la buenas, puede ser nuestro mejor aliado y por las otras, será el encargado de devastar el área destinada para que vivan los seres humanos y convivan con el resto de las especies a las que llamamos animales.
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La cultura del éxito
¿Alguna vez te ha pasado que recibes un sin fin de halagos por parte de personas que no conoces, por algo maravilloso que lograste? Y cuando llegas con tus seres más cercanos, nadie se enteró, ni le interesó lo que hacías para lograr ese algo?O tal vez hayas vivido una situación en la que llegas a tu círculo de familiares más íntimos, henchido de orgullo por el éxito obtenido en lo que haces, esperando rec

ibir por lo menos un halago o una felicitación y lo único que recibes es una cara de tamaño monumental con un gesto agrio e indiferente.Sucede a menudo y todos hemos pasado por esa triste situación y, al decir que ocurre con frecuencia, podríamos estar aceptando que se trata de algo normal, común y que debemos padecerlo, tal vez como el dolor que causa la “muela del juicio” cuando comienza a salir.Pero no es normal que esto suceda, puede que sea común que en nuestra sociedad mexicana estemos acostumbrados el no recibir motivaciones precisamente de las personas más cercanas.En una empresa muy exitosa que tiene mucho contacto con el público y los empleados mantienen un contacto cercano con los consumidores del producto que ofertan, se da este caso desde la misma dirección. Es común escuchar al más alto funcionario de la empresa llamar la atención de sus empleados llamándolos “mediocres”, cuando son la empresa líder en el ramo y los resultados públicos de los trabajadores son reconocidos por otras instancias.En la mayoría de las familias mexicanas es muy dado a criticar al miembro que pretende dedicarse a una profesión que en toda la genealogía no se había contemplado y no por desconocerla, sino por que no se considera propia para la alcurnia de la familia. Los motes de “loco”, y “oveja negra” son los primeros que se endilgan al familiar que se atreve a romper con la tradición de ser y trabajar lo mismo que hizo el fundador de la dinastía.Pero, cuando aquel pariente comienza a obtener frutos gracias a su quehacer extraño, entonces se comienza a respetar aquella ‘descabellada’ decisión, aunque no se esté totalmente de acuerdo con ello.Hay personas que padecen con mucha frecuencia este tipo de desatenciones familiares o de jefes, mientras en el exterior, los logros personales del sujeto son catalogados como fuera de serie, alcanzando un nivel de respeto y admiración en el resto de la sociedad más allá de lo normal.Y es que el resto de la gente puede apreciar desde lejos el esfuerzo que se debe realizar para llegar a una determinada meta, tal vez se imaginan que el trabajo debe ser titánico para poder llegar al sitio que una persona alcanza.Pero al interior familiar o de la empresa donde éste está contratado, las cosas se ven de otra manera, es como si la familia o a la institución donde se trabaja fuera la dadora de los elementos que aquél necesitó para escalar los peldaños del éxito y se olvidan del talento del individuo, de sus capacidades personales que son, en primera y última instancia lo que le da el toque de grandeza a la labor que se realiza.Porque es fácil saber que muchos más se dedican a hacer lo mismo sin que se logre el mismo nivel de reconocimiento.En otras sociedades, las cosas funcionan de diferente manera. El individuo que destaca por sus habilidades personales, de inmediato es llamado para recibir estímulos, para ascender, para darle más responsabilidades y más salario.Entre nosotros, pocos son los que se atreven a reconocer el éxito de otro y el resto se dedicarán a tratar de minimizar al individuo exitoso y a su trabajo, a reconocer los errores que comete y comunicarlos, a destacar sus defectos de persona; en fin, a poner en primer plano los aspectos negativos de esa personalidad que también los tiene como todos los tenemos.Es la falta de la cultura del reconocimiento, del estímulo al esfuerzo, de intentar ignorar que en nuestro equipo hay seres que destacan por sí solos y que necesitan del reconocimiento para seguir siendo exitosos.
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Ya nada es igual

Liberación absoluta
es meta de la mujer
pero aquello de que hablamos
que no lo dejen de hacer
aunque sea sin amor.
Oscar Chávez
Ellas pedían no ser relegadas, no estar al margen, se cansaron de ser las grandes señoras atrás de un gran hombre, se fastidiaron de ser oficialmente la ‘segundo de a bordo’.
Saltaron, gritaron, pidieron igualdad de condiciones, se rebelaron y comenzaron a invadir las calles, las oficinas, los gimnasios, las canchas deportivas, las redacciones, aulas, fábricas, plazas, mercados, todo, todo lo llenaron con sus curvas y sus perfumes.
Y la sociedad vio que eran justos sus reclamos abriéndose a ellas.
Luego dijeron que todo era entre dos, se cambiaron términos, decisiones entre dos, ambos embarazados, ambos cómplices, ambos amigos; en fin, todo juntos… Llegaron a compartir gastos, sueldos y labores del hogar que "antes" estaban totalmente destinadas a ellas.
Pidieron compañeros, amantes, amigos, no dueños.
Las cosas cambiaron a partir de sus reclamos, ya no querían ser tratadas como muñequitas de adorno, sino como iguales. Pretendieron colocarse en el mismo nivel que ellos en todos los aspectos sociales. El mundo capitalista reclamaba a todos los seres disponibles para producir, para no dejar caer el modo de producción, para no perder dinero.
Arriesgaron a la familia, dejaron solos a los hijos, todo con tal de ganar y estar a la par, porque el que paga manda.
Y en esa invasión del mundo masculino, también quisieron emularlo, tal como lo percibían. Así se reprodujo otra vez las cosas que ellas reclamaban a ellos, los defectos y los vicios fueron por partida doble, iguales, no contrarios, no complementos, no uno para el otro, iguales, con la misma fuerza, derechos, obligaciones, salarios…
Dos fuerzas que naturalmente van en sentido contrario, socialmente son iguales ahora y, aunque aún falta un largo trecho para conquistar, continúan retando al mundo, embarcándose en las aventuras más difíciles, a partir del mundo ya conquistado por los varones.
Pero son diferentes, su propia condición natural las hace diferentes, los instintos no cambiaron, no han cambiado y no les conviene cambiarlos. Siguen siendo vulnerables en ciertos períodos de su vida, lloran por cualquier cosa, gritan y patalean por minucias, se embarazan y deben alejarse del mundo conquistado mientras aman, admiran y amamantan al bebé.
Hoy, muchas mujeres han conquistado el mundo que ‘antes’ era exclusivo de ellos, pero estorba la maternidad, el matrimonio, los hijos, la familia, ellas están exponiendo sus necesidades, muchas quieren ser madres solas, para eso han trabajado, ellas quieren negarle ilusión a esa contraparte que ahora resultan los culpables de tanto tiempo de sometimiento, como si ellos no fueran también las víctimas de un mundo desigual.
Ellas quieren decidir cuando ser madres, pero separan el acto que las lleva a concebir, socialmente pueden lograrlo a través de decretos que emitan los hombres

del poder.
Mientras, por un lado reclaman igualdad de derechos y obligaciones, imponiendo su visión se han cambiado leyes y reglamentaciones, ellos han cedido terreno, por otro, separan brutalmente al varón y reclaman su derecho a decidir solas, como si solas estuvieran en este mundo, primero exigieron ser tomadas en cuenta y ahora no toman en cuenta, primero pidieron perdón, ahora, no quieren perdonar.
Es como una guerra implacable contra un enemigo que cedió sus espacios para alcanzar armonía y, en esa muestra de debilidad, no habrá clemencia, no quedará piedra sobre piedra, no habrá vestigios. Todo será un recuerdo
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