¿Quién me enseña a ser yo?

Desde siempre a los seres humanos se les prepara para el trabajo. Es innegable que el trabajo es el generador de riqueza, de transformaciones sociales y de la naturaleza. El trabajo es lo que ha llevado a la humanidad hasta el grado de civilización que hoy gozamos.
Sin embargo, esa preocupación por sostener un sistema de producción que permite la generación y acumulación de riqueza, ha hecho que queden de lado muchas de las habilidades de los hombres y mujeres, para transformarse sólo en entes productivos, no creativos.
Se ha dejado en manos de las religiones la espiritualidad, lo que ha dado paso al surgimientos de falsas deidades de donde sacan provecho sólo unos cuantos.
Gobiernos, autoridades, empresas de todo el mundo se preocuparon por la seguridad de contar con personal calificado en diferentes ramas y niveles que garantizaran el funcionamiento de sistema de producción que nos rige; así se generaron instituciones para echar al mundo ingenieros, abogados, médicos, astronautas, operarios, mecánicos, soldadores, carpinteros y toda la gama oficios que convierten a un individuo en útil para la sociedad.
Pero un ser humano no está hecho sólo para eso. El potencial de cada individuo rebasa a las necesidades del modo de producción, cada ser requiere cubrir muchas necesidades, además de las que el salario cubre y nadie le había puesto atención en las demandas emocionales de cada quien.
En ese rubro cada quien se rasca con sus propias uñas, por eso las religiones y predicadores tienen tanto éxito, no así los Psicólogos o psiquiatras a quienes no se recurre porque nadie considera estar loco.
El sistema, la sociedad, la familia, que es en esta última donde se reproduce y refuerza el modo de producción vigente, se han preocupado más por formar excelentes obreros, llámeseles como sea: ingenieros, abogados, médicos, etc., pero casi nadie se enfoca a formar un buen padre, una buena madre, un excelente amigo o un destacado compañero de trabajo.
No hay una escuela donde se formen esposos y esposas, sobre todo ahora que el concepto de familia tradicional se hace añicos, porque podemos observar como existen médicos geniales, pero en la intimidad del hogar son pésimos padres, malos esposos y peores amantes.
Estos temas quedaron excluidos de la retícula social que permite la constante reproducción del modo productivo y se ha dejado en el abandono a cada individuo que subsiste como una isla en medio de millones de congéneres de quien no se sabes casi nada sobre sus aspiraciones, su modo de pensar, sus valores o sus problemas.
Cada quien va solo arrastrando una carga emocional que hace ver como autómatas dedicados a ser excelentes trabajadores, puntuales, cumplidos con tal de no perder la chamba, pero limitados ante las exigencias de direcciones autocráticas y rígidas.
De este modo se pierden valiosas colaboraciones, creaciones que pudieran mejorar el rumbo, palabras de aliento, ideas geniales y la oportunidad de ser un auténtico ser humano.
Desde este punto de vista, se considera necesario que ya se tome en cuenta la parte espiritual y emocional de cada individuo, que se le permita verse por dentro, que conozca sus debilidades y sus fortalezas y no sólo se le premie o castigue por sus éxitos o fracasos en su trabajo, ya que esos son causantes de trastornos o cambios en la conducta de cada quien.
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Lo que digan los demás

Las relaciones interpersonales de los últimos tiempos están sufriendo un serio cuestionamiento por parte de todos los integrantes de la sociedad.
Las aspiraciones personales, como forman parte de la intimidad de cada quien, así como los sentimientos y emociones, en el ámbito de la comunidad en general se pierden, nadie ve en cada individuo a un ser que entre sus pensamientos trae una carga emocional importante que le hace proyectar una determinada imagen por la cual es calificada sin miramientos por los demás.
Desde siempre, lo que digan “los demás” ha quedado satanizado por todos, es decir, por mí y por “los demás”. Se pretende así restar importancia a la opinión de los seres con los que convivimos, con el argumento de que aquello que nos suceda, a nadie le importa, que son sólo asuntos que competen exclusivamente a nosotros, aunque no tengamos la capacidad inmediata de resolverlos.
Uno puede mostrar una imagen de desparpajo, sobriedad y “buena onda” ante todos, con eso nadie se podrá imaginar lo que nos está sucediendo, las cosas y causas por las que sufrimos, los planes y éxitos obtenidos, esas pequeñas cosas que nos dan tristezas y alegrías, sólo para cada quien, porque a nadie más deberá interesarle.
Pero ahora, debido a esa soledad que esas actitudes producen y a los resultados de esa misma soledad, han surgido infinidad de personas que pretenden dedicarse a dar solución a esos conflictos personales; en muchos casos se trata de charlatanes que sacan provecho de los problemas de los demás, que ofrecen soluciones fáciles e inverosímiles e imposibles de hacerlas realidad.
Otros más serios, procuran que el individuo logre por si mismo solucionar su conflicto o sobrellevar su carga, cuando la solución está lejos.
El caso es que la problemática de cada quien sí importa a otros seres, tanto que se crea un nuevo espacio en el que se lleva a la persona a que descubra su potencial, que con la mayor objetividad posible se de cuenta que en sus manos está la solución y que, en muchos casos, el problema se ha enredado más de lo normal, gracias a el encierro que se le da por parte del afectado.
“La depre” o los enojos constantes, o los arranques de euforia sin motivo aparente, son señales de conflictos internos que en realidad no pueden (ni deben) ventilarse en público, pero sí es posible ser tratados por un segundo o tercero siempre que esté capacitado profesionalmente para ello.
Por eso la recomendación es acudir con personas que garanticen un grado de estudios requerido para tratar asuntos personales, donde incluso pudieran salir afectados otros más.
Esas cargas negativas deben ser desalojadas de las mentes de quien las padece, hay formas, métodos, estudios muy completos que retratan las diferentes personalidades con las que tratamos a menudo y que pueden servir en su momento para encontrar una salida.
Alcohólicos Anónimos y sus derivados Neuróticos, Comedores Compulsivos, grupos de Diabéticos y otros, son los más claros ejemplos de que la asociación de personas que padecen el mismo mal pueden ser controlados y en muchos casos sanados gracias que se atreven hablar de sus conflictos.
Entonces, no es necesario llegar al extremo, a “tocar fondo” para solucionar esa problemática agobiadora, siempre hay un camino, el único requisito es mantener la mente abierta para recibir sugerencias y poder elegir la que más convenga. No se vale quedarse solo que esa carga que a la larga agravaría más la situación y hasta la salud física de quien está envuelto en ella.Más comentarios en: mexmel@gmail.com
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...y cuando despertó, la basura estaba ahí

Cuando el hartazgo llega, nada parece importar, las formas que se cuidan pasan a segundo o tercer término. Ya no importa que el gran jefe se moleste, ni importa lo que sea capaz de hacer con su enojo.
Pero la gente cuando ya se dio cuenta de que es objeto de burla por parte de algunos servidores públicos y que además el servidor sigue con la misma actitud, llega el momento en que esa gente, convertida en turba se las cobra todas juntas.
En Villa Allende se dio el caso de que los ciudadanos ya no aguantaron que su comunidad estuviera llena de basura, de bolsas con desperdicios amontonados por todos los rumbos de la Villa, se cansaron de estar llamando a la autoridad y finalmente llevaron sus bolsas con basura hasta la misma oficina del personaje que debería encarnar a la autoridad de aquel lugar.
Y ese ejemplo cunde. En Minatitlán sucedió lo mismo. Un grupo de vecinos de la colonia El Palmar, cansados de la negligencia del presidente municipal y de la regidora a cargo de la comisión de limpia pública, llevaron sus bultos con desechos a colocarlos frente al Palacio Municipal.
Sin embargo, ni la regidora, ni el alcalde se atrevieron a dar la cara, a intentar explicar el por qué de la falta de recolección en la ciudad.
Estos detalles, los ciudadanos los toman en cuenta y los individuos a cargo de alguna función pública pierden la poca confianza que el pueblo pueda tenerle a un político.
Lo bueno de esto, es que por fin vemos un acto ciudadano lleno de valentía, de organización, de protesta para exigir que los servidores públicos cumplan con la función para la que se les paga.
Desde hace muchos años, no se veía un acto así, lleno de rebeldía y decepción; de esta manera, la gente comenzará a darse cuenta de que su voz y sus actos también son tomados en cuenta cuando llevan un poco de organización, de trabajo en equipo, de solidaridad.
Es necesario destacar que en el asunto que se menciona, el problema afectaba y afecta a todos, se convirtió en u problema común, como lo es el alza a los productos comestibles de primera necesidad, como el alza de tarifas en los servicio públicos, como los atropellos de los urbaneros, como los robos a casas habitación y los asaltos en plena vía pública, como los atropellos de agentes de Tránsito y policías y, como un sinfín de problemas que aquejan a todos los ciudadanos y que nos aguantamos nomás para evitar más problemas, porque luego que un vecino reclama por algo, de inmediato le voltean la tortilla y lo hacen culpable de algo y, entonces sí, todo el peso de la Ley sobre ese peligroso individuo que llega a romper la tranquilidad de los funcionarios públicos.
Tal vez no sea el camino correcto, pero la enorme cantidad de basura que se ve regada por todo Minatitlán ha tapado todas las vías de comunicación con las autoridades.
Comentarios: luisiin@yahoo.com
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Siempre vienes a pedir...

Cada vez que necesitas vienes a buscarme, a pedirme que te tome en cuenta, a mostrar todas tus virtudes, tu lado bueno, a decir y a prometer que ahora sí mis problemas se van a resolver.
Juras que eres la solución a mis achaques, que nadie se ha atrevido a ayudarme pero ahora sí, tú lo vas a lograr, vas a poner toda la fuerza de tus influencias para que yo salga beneficiado.
Lo malo, es que ese discurso es el de siempre, ya han venido otros a decir exactamente lo mismo a ofrecer sin ton ni son, a recalcarme mis angustias y a prometer la resolución y mira, sigo igual, con los mismos achaques y los problemas de siempre, ya hasta puedo asegurar que soy parte de los requisitos para que puedas llegar hasta donde quieres; es decir, tienes que pasar a enlodarte los zapatos, a recibir picaduras de mosquitos, a oler mis aromas, esos que apagarás después con perfumes caros en salones adornados con exquisitez.
Yo seré el reclamo de siempre que llegará a la cúspide que habitas, mirarás de soslayo y tu sonrisa intentará ocultar ese amargo recuerdo de tu paso por mis dominios.
Quienes te han antecedido han actuado así, es la regla, no tienes por qué ser diferente, tu formación pasa por los terrenos baldíos y las miradas llenas de tristeza de aquellos que han tenido la desgracia de nacer por estos rumbos, con la piel requemada por el sol, sin cremas ni afeites para protegerse, con la necesidad a cuestas y lloriqueando siempre por un peso más.
Finalmente, luego de lograr su propósito, todos se van a ‘devengar’ un salario pagado por todos aquellos quienes se quedarán esperando ver las promesas cumplidas.
Así es candidato. Es la parte del juego que me toca jugar, hacer como que te escucho, hacer como que te creo, votar por tu nombre. ¡Qué más da! Es sólo para dar legalidad a un resultado premeditado, planeado, hecho a tu medida.
Pero en tu ingenuidad, con la que pretendes verme la cara, participan otros más de colores diferentes que ya pasaron por aquí diciendo lo mismo que tú, prometiendo lo mismo que tú, son aquellos que no llegarán hasta donde tu vas, porque en ese sitio sólo hay lugar para uno y tú ya has sido elegido con anterioridad.
Pero no importa. De veras no importa.
Si ves que en mi rostro ajado no se forma sonrisa alguna, no es porque te falte al respeto, es que… a veces me parece como un chiste contado muchas veces que ya no despierta ninguna emoción, por eso verán en medio de tu triunfo avasallador, que las únicas risas llenas de alegría, serán la tuya y la de tus cómplices, la de aquellos que te acompañaron fielmente por tu peregrinar por estos lugares donde el poder lo tengo yo.
Pero nunca olvides mi nombre, me llamo miseria…
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¡Quién manda!

Estuvimos a la espera de un golpe fuerte, de una sacudida feroz. Nos preparamos física y sicológicamente para recibir algo que no se podía detener y cuya fuerza era descomunal.
Seguimos paso a paso la trayectoria del fenómeno y nos llenaba de miedo su inmenso poder, y a pesar de contar con todos los elementos para conocer su fuerza, su tamaño, su camino, su velocidad, no sabíamos, no sabemos como detenerlo.
Así es nuestra pequeñez ante las manifestaciones de la naturaleza, la auténtica dueña de este universo, donde nosotros los humanos somos como el virus que llegó a infectarla.
Una tormenta puso toda nuestra atención en un hipotético escenario, donde la destrucción era el personaje principal, la escasez y el llanto se adelantaban y la imaginación se quedaba corta ante los posibles alcances del huracán.
Cada vez se pulen más los planes para este tipo de contingencias, cada vez la conciencia ciudadana se afina y cada vez son menos los detalles que se descuidan.
Ahora, la prevención funcionó. La coordinación entre las instancias encargadas de proteger a la sociedad funcionó, queda demostrado que cuando hay voluntad de hacer bien las cosas, los resultados dejan satisfechos a todos y las pérdidas son mínimas, porque en estos casos, lo único que no se puede prevenir es la decisión del meteoro de cambiar de rumbo o de disminuir o aumentar su fuerza.
Pero hubo preparativos para recibirlo, hubo indicaciones precisas, lugares de refugio, víveres y medicamentos en caso de que fueran necesarios. ¡Bien por eso!
Pero… no sucedió como se había anunciado, por lo menos aquí en nuestro terruño Dean pasó ignorando que un numeroso grupo de gente se había preparado para no sucumbir ante el embate de este gigante de viento y agua.
Eso no es motivo para bajar la guardia, no se puede suponer que el próximo temporal ignore también nuestra ciudad. Ante eso, todos los que estamos agradecidos porque no tuvimos que lamentar inundaciones graves, caídas de árboles y cables de electricidad, derrumbes de bardas y techos de láminas, ni pérdidas de seres queridos, no podemos perder de vista que en cualquier momento de la temporada de huracanes, podemos ser tocados por esa fuerza de la naturaleza que cada vez será mayor si no hacemos algo para contrarrestar los efectos del calentamiento global que se incrementa día con día, ante una comunidad que se ve muy lenta en su trabajo por convencer, concientizar, sensibilizar a las personas de un problema que se generó debido a la actividad humana que no ha respetado a la naturaleza, la auténtica dueña de todo este territorio que nosotros nos jactamos de dominar.
Dean entró a México con una fuerza descomunal, vientos de 350 kilómetros por hora, pero no mató a nadie. Siguió su camino hasta alcanzar el mar otra vez, sin que un humano fuera aplastado por su fuerza y volvió a tocar tierra mexicana en Veracruz donde se le esperaba con el respeto que se merece.
Pero es necesario destacar que siguió su viaje hacia el interior del país alcanzando lugares donde nunca se había presentado un huracán.
Dean llegó hasta la capital de México disminuido, convertido en depresión tropical pero que aún así causó serios daños, porque en esos lugares tan lejos del mar y tan elevados, no se prepararon para recibirlo.
Es la lección de la naturaleza, que nadie debe dejar pasar, porque nadie está exento de ser alcanzado por estos seres que ella misma nos manda para que no olvidemos quien manda de verdad.
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El tuerto es rey

Llenamos de dudas y mentiras el espacio en el que nos movemos, así vamos creando la fantasía de ser imprescindible, único, indispensable, casi rayando en la perfección.
En un principio sabíamos que enviábamos mensajes falsos a la comunidad y cuidábamos que éstos no se derrumbaran, meticulosamente preparamos el terreno para caer siempre en blandito, para evitar que narices ajenas husmearan en nuestros dominios, algo que debía permanecer oculto.
El problema comenzó cuando la perfección del plan comenzó a meterse en el propio cerebro. La mente comenzó a procesar el invento y la idea de ser exactamente como decíamos fue adquiriendo tintes de verdad.
Fue entonces cuando despegamos los pies del suelo, cuando el gas de la falsedad infló el ego hasta sentir que no cabíamos en el humilde espacio que ofrecían los demás, todo se convirtió en poca cosa, los defectos de los otros eran gigantescos, comparados con la perfección que ostentábamos, los halagos surtieron efecto, en un lugar donde el tuerto es rey nuestra personalidad enseñorea, lleno de nada dominamos a los que nada ofrecen e imponemos nuestra voluntad sólo por creer que es la única que tiene validez, de acuerdo a que los otros no tienen nada que ofrecer.
Bajarse de la nube donde la vanidad suele colocar a los de espíritu pobre, es un sacrificio de proporciones descomunales que no se comparan con los que se deben hacer para ganarse un lugar seguro entre la sociedad que nos arropa, resulta casi imposible aceptar que se está cometiendo un error cuando los resultados indican lo contrario, aunque éstos no tengan el tamaño de la soberbia con que fueron alcanzados.
Las voces de la experiencia no calan en el ánimo, la verdad conocida ya por otros que se han tenido que doblegar cuando la realidad los alcanza, no es motivo suficiente para detenerse y reflexionar sobre lo que se ha hecho, lo que se ha obtenido y la trascendencia de los logros, no. Parece más fácil aceptar la seguridad que el despotismo y la arrogancia dan pero sin aceptar lo efímero de estas argucias sociales.
Llegan mensajes de cómo la vida se cobra cada una de las ofensas que se le hacen, que no hay escapatoria, pero seguimos confiando en la buena suerte y en que la baja estima de los demás ahí seguirá, para continuar aprovechándonos de su ingenuidad, para que sigan creyendo que somos lo mejor que pudo pasarles en su vida, que somos su salvación y su seguridad para que encuentren el camino del bien.
Mientras, seguiremos cuidándonos que nuestras mentiras protectoras no se derrumben, debemos evitar quedar al descubierto y seguir pensando que no tenemos por qué dar explicaciones de nuestros actos a nadie, que ningún control nos somete y que tenemos una guerra ganada contra las figuras de autoridad.
Que valores como el respeto y la confianza son sólo aplicables a aquellos que creen en nosotros ciegamente y, que a solas nos reiremos de esa estupidez llamada lealtad.
Hoy nos queda muy claro que las mentiras lanzadas con un perfecto disfraz de verdad y cuidadosamente arropadas con un conjunto de certeras dudas, nos darán la garantía de continuar en este lugar privilegiado.
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